Autoría: Nuria Moreno Pérez.
“Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones […] y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte”. Parece mentira que dicha frase sea parte de la obra de uno de los más famosos novelistas de España como lo es CERVANTES DE SAAVEDRA,Miguel, en su obra La gitanilla. La historia del colectivo gitano está plagada de persecuciones y discriminaciones al ser considerado como una “raza” biológicamente inferior a los “payos”. Las primeras noticias de su presencia en nuestra Península Ibérica las encontramos en 1425 de parte del Rey Alfonso “el Magnánimo” al otorgar una Carta de paso a un grupo gitano en Barcelona. Sin embargo, en 1499 comenzaría la historia de su persecución tanto política como social con la primera Pragmática antigitana. Durante los siguientes años se les prohibirá la tenencia y venta de ganado, se les obligará a residir en determinados lugares e incluso se llegaron a detener en una sola noche a miles de ellas en la “Gran Redada” de 1749 por la que permanecerían en prisión durante años. La discriminación de la etnia gitana basada en estereotipos raciales a gitana ha sido la regla.
Curiosamente, durante el Reinado de Carlos III en 1783 por primera vez se promulgaría una Pragmática que establecía la igualdad de este grupo al considerar que utilizar el término “gitano” era considerado una injuria grave. Esta situación, no duraría mucho tiempo pues casi un siglo después se volvió a la misma situación e incluso se volvió más dura discriminándoles cada vez más, con lo que así, se confirmaba en toda la sociedad que “detrás de todo gitano hay un ladrón”. Dicha frase llega así a tener más “sentido” en un sistema desigualitario en el cual vivimos que si la decimos al revés “detrás de todo payo hay un ladrón” ésta causa menos repercusión en una sociedad donde hay estereotipos basados en la superioridad e inferioridad de grupos por su raza o etnia.
Toda esta situación histórica ha hecho que las personas gitanas se aíslen del resto de la sociedad, por ejemplo, en chabolas. Su lengua, modo de vida y, en definitiva, su identidad cultural se ha visto puesta en peligro. El mundo avanza pero parece que el modo de vida de este colectivo sea del siglo pasado; viviendas de una extrema pobreza, escasa formación, baja esperanza de vida,…El Estado no ha conseguido integrarlos dentro de su concepción de ciudadanía.
Es de conocimiento público que incluso hoy este grupo de personas son discriminadas y amenazadas, como es el caso de los padres y escolares que en el 2000, pleno siglo XXI, cortaron la Nacional 634 de Burtzeña (Barakaldo) durante media hora para manifestar su oposición a que tres niños gitanos se incorporaran al centro escolar. Pero ya no sólo son manifestaciones sino que también se llegó al extremo de incendiar una vivienda gitana con dos mujeres y tres niños dentro en Torredonjimeno (Jaén).
La mayoría de los niños que acuden a las escuelas y terminan la enseñanza mínima exigida no seguirán adelante, sino que se dedicarán a la venta ambulante, chatarrería,… muy pocos llegan a establecerse de otra forma con un nivel económico más seguro. Todos estarán de acuerdo que el analfabetismo de una sociedad es una forma de control y el conocimiento es el medio para que ésta avance. La escolarización de los gitanos y la enseñanza media y universitaria tal vez les daría una oportunidad para salir de esta situación, pero también hay que hacer un trabajo de integración en el resto de la sociedad tanto a nivel nacional como internacional.
Según la Oficina de Empleo, Asuntos Sociales e Igualdad de Oportunidades de la Comisión Europea, el colectivo gitano es “una de las mayores minorías étnicas de la Unión Europea y millones de personas de esta etnia viven en muchos de los Estados Miembros. Su situación se caracteriza por la discriminación y una exclusión social de amplio alcance. Los gitanos corren el riesgo de sufrir la pobreza y el desempleo”. Añade que en 2008 los sondeos de opinión realizados en el ámbito europeo y nacional demuestran que la mayoría de la ciudadanía blanca de Europa posee una visión negativa acerca de este colectivo, normalmente debido a estereotipos y prejuicios históricos.
Miguel de CERVANTES ya decía que los gitanos “(…) nacen de padres ladrones, críanse ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruego…”. Quizá, gran parte de culpa sea de una sociedad como la nuestra en la que perviven prejuicios cargados de la idea de superioridad/inferioridad de razas o etnias en donde el varón blanco se ha auto- asignado el papel de hombre superior. Ello afecta a las personas de otras etnias y religiones no cristianas y le impide disfrutar de la ciudadanía plena, de esa doble ciudadanía que existe en la Unión Europea. La ciudadanía nacional y la ciudadanía comunitaria. Es un caso más de discriminación racial que pervive en pleno siglo XXI.